UN MIERCOLES DE CENIZA SANGRIENTO.







 El Miércoles de Ceniza de 1805 amanecieron colgados en los arcos del ayuntamiento de Santiago -donde hoy está el Palacio Consistorial, frente al parque Duarte- los ciudadanos Carlos de Rojas padre, Francisco Escoto, José Núñez y Bartolomé Forteza y los notables Juan Curiel, N. Delmonte, Norberto Alvarez, Antonio Rodríguez y Blas Almonte; en total, 13 personas, incluido el carcelero de la prisión, sufrieron el suplicio de la horca en los portales del cabildo, que daban el nombre que entonces ostentaba la actual calle Benito Monción.

Esas personas fueron colgadas el día anterior, Martes de Carnaval, en ocasión del ingreso y retirada de la columna del ejército haitiano comandada por Henri Christophe, a propósito de la marcha que tuvo por objeto el frustrado sitio a la ciudad de Santo Domingo, impuesto por Jean Jacques Dessalines a raíz de la autorización del gobernador francés Jean Louis Ferrand para la persecución de haitianos en la parte este de la isla de Santo Domingo. El mismo día de la entrada de la columna haitiana a la ciudad, el 26 de febrero de 1805, Francisco Campo (o Campos), miembro del consejo departamental, fue sacrificado y colgado en el mismo lugar.
Aquella escena dantesca debió permanecer como referente imborrable por décadas. Solo con el terremoto de 1842 - que destruyó la iglesia parroquial y el ayuntamiento, recordatorios cuasi perennes de aquel acontecimiento - y el proceso independentista, a partir de 1844, empezaron a desdibujarse de la memoria colectiva los recuerdos de ese episodio, que tiñó de sangre el carnaval santiaguero © Edwin Espinal Hernández.

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