¿SABES DE DÓNDE VIENE LA FRASE «A ESE NO LO SALVA NI EL MÉDICO CHINO?
¿SABES DE DÓNDE VIENE LA FRASE «A ESE NO LO SALVA NI EL
MÉDICO CHINO»?
Esta popular expresión, que todavía utilizamos cuando
alguien está tan grave que parece no tener salvación, tiene su origen en la
historia de un famoso curandero chino del siglo XIX.
Su nombre era Chang Pon Piang, aunque el habla popular
cubana lo convirtió en Cham Bom-biá, nombre que, según los historiadores Roig
de Leuchsenring y Portell Vilá, significaría «Sol Amarillo».
Llegó a La Habana en 1858 y estableció una consulta que
recibía pacientes de todas las clases sociales. Posteriormente vivió en
Matanzas, donde atendía en la calle Mercaderes, esquina a San Diego, y
finalmente se trasladó a Cárdenas, ciudad en la que pasó sus últimos años hasta
su misteriosa muerte.
Pero ¿qué hacía tan famoso a este personaje?
Aunque popularmente se le conocía como médico, en realidad
era un herbolario, lo que hoy muchos llamarían médico natural. Preparaba
remedios a base de plantas y se le atribuían curaciones extraordinarias que
alimentaron su fama.
A su consulta solían enviar a personas que otros médicos
consideraban desahuciadas, es decir, enfermos para quienes parecía no existir
ninguna esperanza de recuperación. De ahí nació la creencia popular de que, si
alguien podía salvarlos, era aquel famoso médico chino.
Su reputación llegó a ser tan grande que su nombre quedó
inmortalizado en una expresión que sobrevivió generaciones: «¡A ese no lo salva
ni el médico chino!».
Hoy la decimos cuando creemos que una situación es
prácticamente imposible de resolver, especialmente cuando la vida de alguien
corre peligro.
¡Una frase cotidiana que guarda una historia fascinante de
la medicina popular y la cultura cubana!
Tomado de Facebook del perfil de: https://www.facebook.com/rafael.alvarez



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